Acerca de Rafael Azofeifa

La nueva propuesta de Rafael Azofeifa fue tan explosiva como inesperada.

Su obra iba en ascenso, había logrado exposiciones importantes en Costa Rica, Suiza, Guatemala, Estados Unidos, e incluso en la Galería Nacional de la Cultura, en Chile; a esto se sumaba el haber sido seleccionado por la Universidad de la Ciudad de Nueva York para su “Enciclopedia de Artistas Iberoamericanos Contemporáneos”, lo que claramente pone un sello en la carrera de cualquier artista.

Por esa razón muchos no comprendieron por qué Azofeifa decidió sacar ese retiro temporal de la producción que tenía cada vez más demanda por coleccionistas y galerías.

Pocos sabían que se retiraba a un tiempo de introspección y de mucho estudio a nivel conceptual.

Aunque en su obra siempre estuvo presente el cuestionamiento del proceso creativo, el resultado siempre era bidimensional, el “cuadro” tal como lo nombran quienes insisten en que el arte –y sobre todo la pintura- ha muerto.

Sin embargo en esta nueva propuesta el proceso creativo es parte integral, de hecho la obra es únicamente una especie de documentación o snapshot de dicho proceso.

En su obra siempre siempre fue claro el cuestionamiento del proceso creativo, y del caos y aleatoreidad dentro de dicho proceso. Esta nueva propuesta es la culminación de dicha búsqueda.

En esta nueva etapa, Azofeifa realiza sus obras utilizando cuerpos desnudos para pintar sus lienzos, específicamente parejas. Se centra en el proceso creativo, y el resultado no es más que la documentación de dicho proceso.

Aunque el uso de los cuerpos para pintar no es nuevo (sobre todo después de los trabajos de Yves Klein en los 60’s) el concepto es muy novedoso: Los clientes de Azofeifa tienen en sus casas no solo una obra de gran formato, sino el resultado de toda una experiencia creadora. En la sala de esa pareja formal y conservadora, tienen una experiencia en la que ambos estuvieron llenos de pintura, en contacto con sus mismos cuerpos y el lienzo, en un acto creador que es tanto atrevido, como sensual, intrigante, lúdico, erótico, divertido, y original.

Quien adquiere un Azofeifa sabe que no sólo está adquiriendo una obra de arte, sino toda una experiencia artística. La obra no sólo habla del gusto artístico del comprador, sino que le lleva a un nivel distinto al de cualquier otro coleccionista. Los clientes son parte integral de la obra, son los productores de cada pieza.

El trabajo de Azofeifa se basa en la dirección, en el uso de la capacidad plástica que le permitió emerger tan rápidamente, para comunicarse con los ‘pinceles humanos’ que van llenando de pintura el lienzo de forma que vaya teniendo coherencia a nivel de composición, uso de color y de texturas, pero al mismo tiempo dejando que el caos y el chance tengan un papel protagónico en la obra.

Las obras no muestran de forma obvia partes del cuerpo, se busca que los cuerpos sean los creadores de las obras y no el objeto, este viene a ser la experiencia de la pareja. El cuadro se convierte en testigo de ese acto atrevido y por qué no, divertido, de dos personas en intimidad, pero lo documenta de una forma muy discreta –si es que la palabra cabe al tener una pieza de 2 metros sabiendo que fue pintada en su totalidad por cuerpos desnudos-.